La confusión de premisas y la consecuente decepción

Hace un par de noches leí de un tirón un libro que, en general, ha recibido buenas críticas, Los cien mil reinos. No sólo buenas críticas, a decir verdad, sino que, además, su autora, Nora K. Jemisin, fue galardona con el premio Locus por este título. La premisa de este libro es una guerra por la sucesión de un reino, en la que se ve envuelta la nieta del actual gobernante, todo ello en un mundo de fantasía. Sigue leyendo

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Para todos los públicos

…sean o no para todos. Y no me refiero a negar la cultura a determinadas personas. Para nada. Sino a esos libros que leen los niños hoy en día que son adaptaciones de obras para lectores avezados. O dicho de otra forma, los libros que se reescriben para los niños. El ejemplo más claro de este tipo de ediciones en España es el Quijote, que parece que no falta en casi ninguna aula de Educación Primaria. Porque Cervantes es el escritor nacional por excelencia y porque su obra, inmortal, ha de estar en la mente de todos los españoles. Sigue leyendo

La diferencia entre la obligación y el placer

Ahora que comienza el nuevo curso escolar,  pocos colegios tienen una lista de libros de lectura de la que los estudiantes puedan escoger libremente aquél que desean leer. Lo más común es encontrarse un día con que el profesor, en clase, comunica que todos los alumnos deben de leer un libro, el mismo libro, y la fecha  para la que quieren que se haya terminado la lectura. Un libro común para muchos estudiantes con gustos dispares y que, posiblemente, encuentra en la obligación la mejor excusa para detestar la lectura. Sigue leyendo

Lo que puede ser, pero no es

La ficción es la realidad en potencia, como decía uno de mis profesores en la Universidad. Es lo que puede llegar a ser real, lo que tiene sus referentes en nuestro mundo, pero no lo alcanza. Lo que puede ser, pero no es. La narrativa de ficción está repleta de mundos en potencia, de ahí su gran atractivo. La única condición que se les exige es que tengan verosimilitud; que por muy extraños y ajenos a nosotros que resulten esos mundos, siempre haya una coherencia que los convierta en algo casi real. Mantener ese acuerdo entre el escritor y el lector es lo que se conoce como “pacto de lectura”. Sigue leyendo